Con un pobre francés, aderezado con alguna que otra palabra en inglés compraron los billetes de tren de cercanías que necesitaban para llegar a la estación de Austerlitz. Cuando llegaron al andén aquella sensación de tristeza que llevaban acarreando desde que comenzó el día se esfumó de repente al observar que la hora estimada de llegada del tren eran las 19:09. ¡No podían creerlo! Tenían que estar al otro lado de la ciudad en menos de veinte minutos. Allí les esperaba el tren que les llevaría de vuelta a Madrid.
Cuando subieron al tren de cercanías se sentaron cerca de la puerta. Ambos trataban, sin éxito, de ocultar su nerviosismo. ¿Y si no llegaban al tren? Sus miradas se cruzaban cada pocos segundos tratando de ofrecerse un poco de tranquilidad. Pero siempre que miraban por la ventanilla observaban con impaciencia como las paradas parecían alargarse minuto a minuto.
Cinco minutos por parada. Eran ya las 19:20 y aún quedaba por recorrer la mitad de trayecto. Su nerviosismo se hacía cada vez más patente y las miradas de tranquilidad se sustituyeron por constantes palabras de ánimo “Llegamos seguro", "no te preocupes", "el cercanías de París es muy rápido…” Pero de puertas para adentro no podían evitar pensar en posibles soluciones por si finalmente perdían el maldito tren.
Mientras ella se agobiaba pensando que tendría que haber guardado algo más de dinero para imprevistos él hacía cálculos. Estaba seguro de que con el límite diario que le permitía su tarjeta podrían pagarse una noche más de hotel o sacar un billete de avión esa misma noche o al día siguiente.
Finalmente, el tren se detuvo en el andén de Austerlitz. Eran las 19:37 y el tren que tenía que llevarles a Madrid salía a las 19:45.
- Ahora, a correr –le dijo.
Salieron corriendo como alma que lleva el diablo. Él iba por delante y, a pesar de que ella iba varias zancadas por detrás, no rebajaba el ritmo. De esta manera, si al menos él lograba llegar primero podría pedirles a los revisores que esperaran unos segundos porque se trataba de una emergencia.
Ella corría todo lo que podía y la invadía la desesperación cada vez que la maleta se le enganchaba con un escalón o se le daba la vuelta…Se decía para sí, constantemente, casi como un ruego “por favor, que no lo perdamos por mi culpa”.
Andén 15. Ya veían el tren que aparecía en las vías, enorme y lejano. Con un último esfuerzo, sin saber de dónde sacaban las energías, aceleraron el ritmo de la carrera. Apenas podían respirar, parecía que el corazón les iba a estallar dentro del pecho…
Las puertas se cerraron tras ellos y la sensación de alivio fue tal que, por un momento, se olvidaron de la nostalgia que les producía el regreso.
"...Estaba seguro de que con el límite diario que le permitía la tarjeta podrían pagarse una noche más de hotel o sacar un billete de avión(...)"
ResponderEliminarYo no pondría la mano en el fuego por ese límite diario de la tarjeta...si es que el dueño es quien creo que es... :P
Me recuerda mucho a mi peripecia en Londres, aunque lo mio tuvo amago de bomba y en consecuencia cierre del aeropuerto, drogas, violencia verbal, policia y sobre todo miedo, mucho miedo.
ResponderEliminarPero esa es otra historia que me reservo para lo que la dueña del blog ya sabe... muahahahaha
La solución para no perder trenes franceses es gritar como descosidos caldeau, caldeau, caldeau y todo irá bien... bonita historia del acojone pre-vuelta.
ResponderEliminarUyuyuy de qué me suena todo esto???
ResponderEliminarMenos mal que el cercanías de París es rápido y no se para porque sí, que si no, hubieramos visto un bonito tren alejándose y una sensación de "mevoyacagarendios" bastante notable nos habría destrozado el viaje...
Eso si, qué tensión, joder!
Y sí, Nacho, yo también tenía mis dudas con el límite... puta tarjeta.
Esos momentos de tensión siempre están presentes en los viajes... menos mal que lo cuentas con un final satisfactorio :)
ResponderEliminarYo viví el cierre de la línea de metro que me llevaba a Victoria Station para ir a Gatwick... menos mal k hay señores amables que te llaman a los taxis y gente que los comparte porque se ha quedado igual que tú jeje
Hay q ver q mal se pasa en esos momentos!!! menos mal q todo qdó en un susto, bueno, más bien, en un largo rato de nervios. Vive le RER!! jajajajaja
ResponderEliminarCuantas veces me ha pasado eso pero con autobuses, lo "bueno" esq lo mio tenía el remedio de esperar una hora al siguiente y si hay suerte sólo media... Que suerte tuvisteis!!!
ResponderEliminarPero al menos no se cayó como Peter estilo iiisssaaaa!!! tocándose una rodilla jejeje. Sigue escribiendo rubia barata!
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